14 Julio 2020
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No hace ni dos meses los responsables del proyecto Laboratorio MILMA dieron la voz de aviso. Eran tiempos de confinamiento, de cerrar puerta y ventanas y abandonar eso tan español como es “hacer vida en la calle”. La pandemia provocada por la COVID-19 se dejaba sentir en el territorio peninsular, después de enclaustrar a unos cuantos cientos de miles de ciudadanos chinos y de causar el pánico en el norte de Italia. Las noticias escupidas por televisiones, radios y periódicos (analógicos y digitales) eran monotemáticas y todas ellas las protagonizaba un virus del cual, un mes antes, apenas se sabía de su existencia.

Y el Laboratorio de Formación en Diseño y Programación Web parecía condenado a cancelarse ante la entrada en vigor del estado de alarma. Iba a ser imposible a acudir a un aula en la que veinte personas debían compartir espacio, materiales, aire… Normal. Si universitarios, bachilleres y colegiales habían debido abandonar sus espacios diarios, no se iba a permitir que una veintena de individuos en búsqueda de empleo se dieran cita con el objetivo de reciclarse, de abrir sus mentes al mundo de la programación, el marketing digital, los gestores de contenido, el diseño…

No obstante, como dice el refrán “de perdidos, al río”. O mejor aún: “a grandes males, grandes remedios”. Así que desde MILMA se “liaron la manta a la cabeza” y decidieron impartir la docencia de forma online. Toda una apuesta por un proyecto concebido en sus inicios con un método y que debía improvisar buena parte de su desarrollo. Y nada les detuvo. Ni un virus rebelde, ni el confinamiento, ni los vaivenes de las conexiones a Internet.

Al otro lado de la línea se sentaron, expectantes, veinte personas de perfiles muy distintos. Para algunos, lo que empezó a desgranarse desde el otro lado de la pantalla en videoconferencias era un mundo totalmente nuevo; para otros, significaba terminar de abrir una puerta que solo habían atisbado en algún momento previo de su vida; para unos pocos, un complemento más en una larga carrera de aprendizaje. Todos con un solo objetivo: aprovechar al máximo la oportunidad (dicen que “la pintan calva”) y aprehender una nueva colección de conocimientos (sí, el conocimiento se puede coleccionar, desde luego). De fondo, una pauta de comportamiento: compartir, de forma colaborativa, el bagaje vital de cada uno.

Porque, ya sea online u offline, el método MILMA supone que cada uno de los que han aceptado iniciar la aventura deben formarse en un entorno colaborativo. Pues no se trata solo de aprender código, programación, diseño… Consiste en obtener mucho más, en cultivar a la persona, en superar barreras y en empezar a moverse en el ámbito en el que se manejan actualmente dentro de una empresa: con espíritu colaborativo, de aprendizaje, proactivo, autodidacta, de exploración…

El resultado de todo ello estás expresado en la pantalla en colores cálidos. El proyecto final era un auténtico proyecto empresarial. Consistía en desarrollar, desde la nada, un proyecto empresarial. Así que manos a la obra. Primero, conformar los equipos por departamentos para que todas las áreas de actividad estuvieran cubiertas. Segundo, decidir el tipo de empresa y de proyecto que se iba a llevar a cabo. Tercero, llenarlo todo con código, con colores, con imágenes y con contenido. En definitiva, hacerlo realidad.

Y real, es. Melocotón Ediciones está viva en la web https://melocotonediciones.muev.es para que todos aquellos que deseen acercarse a disfrutarla y, sí, también, a criticar sus posibles errores (desde luego, no somos perfectos, ni lo pretendemos), pero siempre desde el ánimo constructivo.

Es de suponer que (la red es universal y, por ello, traicionera) puedan llegar a visualizar esta página algunos de los responsables de elaborar los libros que hemos utilizado para desarrollar contenido. Editoriales, ilustradores, autores… A todos ellos, gracias de antemano por su gran trabajo (como hemos podido observar navegando por la red en busca de material). Aquí no hay más ánimo que el formativo y nos hemos tomado la licencia de utilizarlos para poder crear Melocotón Ediciones. Es de esperar que les sirva también como elemento más de promoción pues no era otra la idea.

A ellos, y a aquellos que, un día encerrados en sus casas decidieron que un virus microscópico no iba a pararnos… ¡MUCHAS GRACIAS!




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